Sólo con este pensamiento bastaría para salvarte a ti y al mundo, si lo creyeras; porque significaría que no hiciste ningún cambio en ti, ni que tampoco cambió el universo desde que Dios lo creó; así, el miedo no tiene sentido, la maldad no es real y la muerte y aflicción no existen. Esta idea es suficiente para sanar el pasado y liberar el futuro; para permitir que el presente se acepte tal cual es. Si sigues siendo tal como Dios te creó, las apariencias no reemplazan la verdad, y no hay separación entre tu mente y
E
Sesiones largas: Comienza diciendo: "Soy tal como Dios me creó. Su Hijo no puede sufrir, y Yo Soy su Hijo". Luego, con esta afirmación en la mente, trata de hallar en ella al Ser que es el Santo Hijo de Dios Mismo. Busca en tu interior al Cristo en ti. En lo profundo de tu mente, el Cristo en ti espera a que lo reconozcas como lo que tú eres; y mientras no sea así, y Él siga siendo un desconocido para ti, seguirás perdido sin saber quién eres. Búscalo hoy y encuéntralo. Abandona las falsas imágenes de ti mismo; abrí tus brazos, tu corazón y tu mente a Dios.
Sesiones cortas: Con corazón lleno de gratitud, alberga sólo pensamientos amorosos para todos los que hoy se crucen contigo. Busca en ellos al Cristo, recordando al Cristo en cada uno de nosotros. Dí: "Soy tal como Dios me creó" tan a menudo como puedas.
Tercer repaso:
Cada día repasaremos dos de las últimas 20 lecciones. Para ello seguiremos un formato especial, que se te exhorta a seguir tan fielmente como puedas. Tu aprendizaje no se verá afectado si se te pasa una sesión de práctica, pero sí si no lo haces por no estar dispuesto a dedicarle el tiempo requerido. Saber distinguir entre las situaciones que no son propicias para la práctica y tu falta de buena voluntad. No estarás dispuesto a cooperar con la salvación si se interpone con otros objetivos a los que les das más valor. Pero llevar adelante las prácticas te ofrece todo: acepta el ofrecimiento y permanece en paz.
Formato de las prácticas: dedica 5 minutos 2 veces al día (o más si lo preferís) a reflexionar sobre los pensamientos de ese día. Lee las ideas y comentarios, luego piensa en ellos, relacionándolos con tus aparentes problemas y preocupaciones. Invita las ideas a tu mente, y confía en que la sabiduría de tu mente acudirá en tu ayuda, usando los pensamientos que le diste para usar. Se te entregaron con la seguridad que harías buen uso de ellos; ofréceselos a tu mente y ella no fallará; pues es el medio del cual se vale el Espíritu Santo para tu salvación.
Lo ideal serían los 5 primeros minutos del día, y los 5 últimos antes de dormir. Si no es posible, por lo menos una sesión de mañana y otra en la última hora antes de dormir.
Durante el día, dales a las 2 ideas un repaso breve, aunque serio, cada hora. Usa una de ellas a la hora en punto, y la otra a la media hora. No es más que un momento con cada una de ellas: repetí la idea, y luego puedes dedicarte a otras cosas. Si algo te sobresalta, piensa en la idea.
Estas sesiones están pensadas para ayudarte a formar el hábito de aplicar lo que aprendes en el día a todo lo que haces; procura por lo tanto, tener presentes las ideas en tus actividades diarias, y te ayudarán infinitamente. Cada repaso diario debe concluir con una afirmación más del pensamiento que se repite a la hora en punto, así como del que se repite a la media hora. Recuerda lo poco que has aprendido; lo mucho que puedes aprender ahora. Recuerda lo mucho que tu Padre te necesita, a medida que repasas los pensamientos que Él te dio.
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